My favorite kind of enemy [Privado]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

My favorite kind of enemy [Privado]

Mensaje por Koichi el Jue Jun 20, 2013 3:51 am


Por su condición vampirica, era más que obvio que al joven vampiro Koichi no le agradaran lugares como el parque. No solo por la molesta vegetación o por la intensa luz de sol, si no por la cantidad de gente que por lo regular se encontraría ahí. 
Así que al caer la noche él era más que libre para rondar los diversos caminos del famoso parque donde Koichi esperaba una total calma y soledad en la cual él se sentía cómodo sobre todo al caer la noche.

Se permitió el sentarse en una de las banquillas dentro del kiosko, recostándose un poco ahí y descansando sus piernas al subirlos a dicho asiento. Teniendo así la posición perfecta para relajarse y fumar un cigarrillo, que si bien no le provocaba nada a su cuerpo conseguía borrar el molesto sabor de la sangre congelada la cual había tenido que hurtar de un banco de sangre cercano.
Quizás algún distraído llegaría a cruzar ese parque y caer directo en sus garras...quizás, solo quizás ese bocadillo llegaría a ser un tanto divertido para él. 
avatar
Koichi
Clan Ventrue

Mensajes : 7
Fecha de inscripción : 11/06/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: My favorite kind of enemy [Privado]

Mensaje por Kamijo el Lun Jun 24, 2013 2:09 am

El trabajo en un hospital era arduo por excelencia, una profesión que llegaba a alcanzar las veinte horas corridas de trabajo, pero que —siendo sinceros— dejaban en la gran mayoría de las veces una satisfacción absoluta. Ciertamente, ese día no había sido uno de aquellos; por el contrario, las labores habían sido las mínimas y no había tenido ninguna clase urgencia que ameritara quedarse en el turno nocturno, ejerciendo como director y cirujano del hospital también en ese horario. Regresaba a casa, como se lo habían sugerido sus segundos al mano y así, volvería más espabilado al día siguiente; después de todo, llevaba al menos tres días durmiendo solo cuatro o cinco horas que  habían sido de día y solo en dos ocasiones, de noche.
Para cuando salió del hospital el sol ya se había ocultado por completo; correrían las nueve de la noche en unos diez minutos, había calculado él, pero para corroborarlo, levantó su siniestra y en el reloj de su muñeca, atisbó que eran justo las nueve y cuarto. Esbozó una ligera sonrisa sardónica y movió en negativa la cabeza.

—Parece que aunque tenga el rato libre, se me sigue yendo el tiempo de las manos… — murmuró para si mientras avanzaba por una rambla alumbrada por unos escasos faros y al llegar a la mitad de la ya mencionada, dobló el paso para adentrarse al pequeño parque que —como era su costumbre cuando volvía a pie—  atravesaba para volver a casa. Si bien, pudo haber usado su automóvil para volver a su residencia, sin embargo, no había dormido bien y si era honesto consigo, estaba cansado; así pues, avanzó por ese pequeño sendero formado por arbustos y  bonitas jardineras que —en el día— matizaban el parque de diversos colores gracias a las abundantes flores que las orlaban.

Con pasos calmados llevaba su camino ya por mitad del parque, justo donde se encontraba un pequeño quiosco al cual entornaban algunas jardineras más, con la diferencia de que estas estaban dominadas por espesos rosales. Suspiró algo tenso aun, invadido por las extenuantes labores que ya se predecía para el día siguiente y eso fue basto para incentivarle la tentación de fumar un cigarrillo.  Negó un poco para si, y entregándose a aquella tentación, extrajo un pitillo de la cajetilla que resguardaba en su maletín. Su lengua humedeció superficialmente el tubillo de filtro y se dispuso a extraer el mechero que llevaba consigo de uno de los bolsillos de su pantalón; en movimiento algo distraído por querer encender su cigarro, aquel mechero resbaló de entre sus manos y lo sintió golpear su zapato derecho.

Chasqueó la lengua y arrugó un poco la frente al mismo tiempo que se inclinaba para recoger su pertenencia, sin contar con la cercanía que tenía con uno de los frondosos rosales; bastó con un ligero roce, para que un  largo tallo fuera de la jardinera y al parecer, abundante en espinas, le arañara el carrillo derecho. Había cerrado el ojo, del mismo hemisferio de su mejilla ahora herida y aunque alcanzó a recoger el mechero, le había costado  que la piel de esa zona ahora le escociera;  encendió su cigarrillo, después de todo no tenía caso el montar un coraje por una herida que seguramente era más diminuta que el ardor que producía; dio una calada a su cigarrillo y retomó su paso a la vez que expulsaba el humo por entre sus labios y daba una frotada con el dorso de su diestra sobre su mejilla buscando retirar la tibia humedad y sosegar  ese escaldar sobre su piel lacerada.
avatar
Kamijo
Humano

Mensajes : 6
Fecha de inscripción : 10/06/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.